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INDICE

Un manual práctico para dominar las técnicas básicas de la narración

Introducción

1 Decir y mostrar

La diferencia entre "decir" y "mostrar" - Evitar la reiteración - La presencia del narrador -

No omitir información necesaria - Mostrar un sentimiento

2 Resumen y escenificación

La construcción de la escena

3 La información en el relato

Información sobrante - Información para el lector - La creación de expectativas -

Los nudos ocultos de la trama - El encadenamiento de ideas

4 El tiempo narrativo

El tiempo en el relato - El ritmo narrativo - El ritmo de la escena

5 La caracterización de personajes

La descripción "dicha" - La descripción "mostrada"

Conclusión

Un manual práctico para dominar las técnicas básicas de la narración
5 La caracterización de personajes

La descripción "dicha" - La descripción "mostrada"

Una de las tareas más complejas a la par que apasionante con que se enfrenta un escritor es dar vida a sus personajes. Lograr que no parezcan seres de cartón piedra sino creíbles pasa en primer lugar por adjudicarles características humanas -manera de ser, temperamento, valores, emociones, pasiones- por mucho que se trate de entes fantásticos, animales u objetos inanimados en el mundo real. Y pasa, también, por que el autor los conozca a fondo, más allá de lo que de ellos cuente en el relato. Debe estar al tanto de su biografía completa y de todas sus intimidades, incluso de aquellas de las que los propios personajes nunca serán conscientes. Y es que sólo conociendo profundamente a sus personajes conseguirá el autor hacerlos actuar con naturalidad y coherencia.

Existen dos modos fundamentales de caracterizar a un personaje: la descripción dicha y la descripción mostrada. La primera consiste en que el narrador enuncie las virtudes y los defectos de un personaje con términos abstractos:

Fulano de Tal era cruel, aguerrido y tímido. Podemos encontrar su máximo exponente en muchas novelas decimonónicas en las que el autor ofrece una larga explicación sobre el carácter y la biografía del personaje antes de que éste eche a andar en el relato. La segunda, más acorde con las preferencias del lector actual, descansa en la idea de que hay que dejar al personaje actuar, hablar y pensar, sin prejuzgado, de modo que el lector pueda extraer sus propias conclusiones respecto de su personalidad.

La descripción «dicha»

Veamos en primer lugar un ejemplo de descripción dicha:

Los hijos del Conde alar heredaron la extraordinaria fuerza fisica,
los ojos grises, el áspero cabello rojinegro y la humillante cortedad
de piernas de su padre.

Sikrosio, el primogénito, tenía más rojo el pelo, también eran
mayores su fuerza y corpulencia, su destreza con la espada y su osa-
día. Por contra, de entre todos ellos, resultó el peor jinete, precisa-
mente por culpa de aquellas piernas cortas, gruesas y ligeramente
zambas que algunos -bien que a su espalda- tildaban de patas. Si
hubo algún incauto o malintencionado que se atrevió a insinuar-
lo en su presencia, no deseó, o no pudo, repetirlo jamás.

Desde temprana edad, Sikrosio dldó bien sentado que no se tra-
taba de una criatura tímida, paciente, ni escrupulosa en el trato
con sus semejantes. Su valor y arrojo, tanto como su naturaleza,
no conocían el desánimo, la enfermedad, la cobardía, la duda, el
respeto ni la compasión. Pronunciaba estrictamente las palabras
precisas para hacerse entender, y no solía escuchar, a no ser que se
refiriesen a su persona o su caballo, lo que decían los otros. No dete-
nía su pensamiento en cosa ajena a lances de guerra, escaramuzas
o luchas vecinales y, en general, a toda cháchara no relacionada
con sus intereses. Cuando no peleaba, distribuía su jornada entre
el cuidado de sus armas y montura, la caza, ciertos entrenamien-
tos guerreros y Placeres personales -no muy complicados éstos, ni,
en verdad, exigentes-o Era de natural alegre y ruidoso, y prodiga-
ba con mucha más frecuencia la risa que la conversación. Sus car-

cajadas eran capaces de estremecer -según se decio- las entrañas
de una roca, y aunque consideraba probable que un día u otro el
diablo cargaría con su alma, tenía de ésta una idea tan vaga y
sucinta -en lo profundo de su ser, desconfiaba de albergar seme-
jante cosa- que poco o nada se preocupaba de ello. Amaba inten-
samente la vida -la suya, claro está- y procuraba sacarle todo el
jugo y sustancia posibles. A su modo, lo conseguía.

ANA MARÍA MATUTE, Olvidado rey Gudú

Comentario:

Ana Mana Matute optó por in ciar su novela presentando a la usanza decimonónica a uno de los personajes. En lugar de dejar que los lectores fueran conociendo la personalidad de Sikrosio escena a escena, prefirió sintetizar en apenas una página los antecedentes de su manera de ser, para luego lanzarlo a actuar y evolucionar en el relato. El texto es prácticamente un catálogo de elementos distintivos. Se enumeran los rasgos fisicos más reseñables del personaje (extraordinaria fuerza fisica, ojos grises, pelo áspero y rojo, gran corpulencia, cortedad de piernas) y las virtudes y defectos que lo adornan (osadía, valor, arrojo, decisión, falta de compasión, impaciencia, extroversión, escasa consideración hacia los demás, etc.) , y se nos informa de manera resumida y directa sobre su forma de hablar -lacónica-, sus intereses y aficiones y su pasión por la vida.

Puesto que todos los rasgos del carácter del personaje apa- recen dichos, es lógico que en el texto abunden los términos abstractos (destreza, osadía, timidez, paciencia, escrupulosidad, valor, arrojo, naturaleza, desánimo, cobardía, duda, respeto, compasión, pensamiento, intereses, natural).

La descripción «mostrada»

Veamos ahora un ejemplo de descripción mostrada:

y, una vez que el Gran Duque amduia su festín, el Azarías se
encaminaba al cobertizo, donde las amigas del señorito y los ami-
gos de la señorita estacionaban sus coches, y, pacientemente, iba
desenroscando los tapones de las válvulas de las ruedas, mediante
torpes movimientos de dedos y, al terminar, los juntaba con los que
guardaba con la caja de zapatos, en la cuadra, se sentaba en el
suelo y se ponía a contarlos,

uno, dos, tres, cuatro, cinco ...

y al1legar a once, decía invariablemente,

cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco ... ,

luego salia al corral, ya oscurecido, y en un rincón se orinaba
las manos para que no se le agrietasen y abanicaba un rato el aire
para que se orearan y así un día y otro día, un mes y otro mes, un
año y otro año, toda una vida, pero a pesar de este régimen metó-
dico, algunas amanecidas, el Azarías se despertaba flojo y como
desfibrado, como
si durante la noche alguien le hubiera sacado el
esqueleto, yesos días, no rascaba los aseladeros, ni disponía la
comida para los perros, ni aseaba el tabuco del búho, sino que salia
al campo y se acostaba a la abrigada de los zahurdones o entre la
. torvisca y, si acaso picaba el sol, pues a la sombra del madroño, Y
cuando Dacio le preguntaba,

¿ qué es lo que te pasa a ti, Azarías?
él,

ando con la perezosa, que yo digo,

y, de esta forma, dejaba pasar las horas muertas, ...

MIGUEL DELIBES, Los santos inocentes

Comentario:

Estamos ante la técnica radicalmente opuesta a la anterior. Aquí, los términos abstractos brillan por su ausencia.
Huyendo de calificativos o de cualquier tipo de catalogación expresa, meramente informativa, de la manera de ser de Azarías, Delibes lo caracteriza mostrándonos cómo actúa. Por lo que hace colegimos que es un hombre tosco, de no muchas luces y propenso a los accesos de melancolía, sin necesidad de que Delibes nos lo explicite.

3er ejemplo:

La encontró en la habitacuni expuesta al viento otoñal, la
mirada acosada por la oblicua luna llena, la penumbra difusa
sobre la colcha, la respiración alborotada.

-¿ Qy,é haces? -le preguntó.

-Estoy pensando.

De un manotazo accionó el interruptor, y la luz agredió su ros-
tro huido.

-Si estás pensando, quiero ver qué cara pones cuando piensas.

-Beatriz se cubrió los ojos con las manos-o i Y con la ventana abier-

la en Pleno otoño!

-Es mi pieza, mamá.

-Pero las cuentas del médico las pago yo. Vamos a hablar claro,

hijita. ¿ Qyién es él?
-Se llama Mario.

-¿ y qué hace?

-Es cartero.

-¿Cartero?

-¿ Oye no le vio el bolsón?

-Claro que le vi el bolsón. Y también vi para qué usó el bolsón.

Para meter una botella de vino.

-Porque ya había terminado el reparto.

-¿A quién le lleva cartas?

-A don Pablo.

-¿Neruda?

-Son amigos, pues.

-¿Él te lo dijo?

-Yo los vi juntos. El otro día estuvieron amuersando en la MS-

teria.

-¿De qué hablaron?

-De politica.

-jAh, además es comunista!

-Mamá, Neruda va a ser presidente de Chile.

-Mijita, si usted confunde la poesía con la política, lueguito va

a ser madre soltera. ¿ 0té te dijo?

ANTONIO SKÁRMETA, El cartero de Neruda

Comentario:

Acabamos de leer un ejemplo magistral de cómo caracterizar a un personaje por medio del diálogo. El narrador no sólo se abstiene de utilizar un solo adjetivo que enjuicie la personalidad de la madre de Beatriz, sino que prácticamente no interviene en la escena (el diálogo está tan bien elaborado que ni siquiera es preciso acotarlo para aclarar quién habla y el tono en que lo hace). y, sin embargo, cualquier lector convendria en calificar al personaje de entrometido, inquisitivo, malpensado y materialista. Skármeta logra que sus lectores lleguen a las conclusiones a las que él pretende que lleguen exprimiendo las posibilidades de la caracterización mostrada.

4º ejemplo:

Sali de la fuente como pude, no me resultó [áal; el brocal era
alto y yo tenía gastada la fuerza de los brazos. Marché a casa de

mi madre a la busca intuitiva de un alivio, igual que un perro
herido que acude a que le laman. Me crucé con mi hermano
Tranquilino por las sombras de la alameda y a punto estuvo de
tirarme una piedra para ejercitar conmigo la puntería que le salía
de un tirachinas que, con una horquilla de avellano, había teni-
do la habilidad de hacerse para reventarles en vuelo la vida a las
cigüeñas. Tuvo el pobre la bondad de abstenerse al verme san-
grante como el eccehomo tallado en madera que en la Semana
Santa sacaban de paseo por el pueblo entre hachones de cera y capi-
rotes. -Ecce enano», tenía que haberle dicho, pero el latín es lengua
muerta y no sirve más que para descifrarle a algunas lápidas la
escueta biografía de sus inquilinos.
«¿ Te han leñado, Gregorito?»,
me preguntó al verme. «[odé, vas lleno de sangre», y se marchó sin
más a matar pájaros o a quemar hormigas o a despilfarrar en
banalidades la poca vida que le quedaba antes de que el tren que
le mató se lo llevara, chac, por delante igual que a un saco de pesa-
dillas reventadas por el amanecer.

FERNANDO ROYUELA, La mala muerte

Comentario:

En este caso es un narrador protagonista quien nos presenta a otro personaje. Lo hace también mostrándolo, y no, por el contrario, acumulando calificativos y abstracciones acerca de él. El lector puede hacerse una idea bien clara de la impiedad, la crueldad, el salvajismo y hasta la estulticia que caracterizan a Tranquilino, a partir de cómo actúa (abandona a su malherido hermano, a quien a punto está de tirarle una piedra, y es aficionado a reventar cigüeñas y chamuscar hormigas) y de las palabras que pronuncia.

5º ejemplo:

Veamos ahora un último ejemplo de caracterización de personajes. Transcribimos algunos párrafos del primer capítulo de El amante lJilingüe, de Juan Marsé, en los que el autor nos muestra la personalidad del protagonista -que en este caso oficia también de narrador- por lo que dice de sí mismo, por cómo describe a un personaje secundario y por cómo reacciona ante los acontecimientos. El autor caracteriza asimismo a ambos personajes por medio del diálogo.

Cuaderno 1

El día que Norma me abandonó

Una tarde lluviosa del mes de noviembre de 1975, al regresar
a cosa de forma imprevista, encontré a mi mujer en la cama con
otro hombre.
[ ... ]

Para guardar memoria de esa desdicha, para hurgar en una
herida que aún no se ha cerrado, voy a transcribir en este cuader-
no lo ocurrido aquella tarde.
[ ... ] Lo segundo que veo es la caja de
betún sobre la moqueta gris y el tipo casi desnudo sentado al borde
de la cama.
[ ... ] Lo único que lleva puesto es un sobado chaleco de
limpiabotas. Tiene las piernas peludas y poderosas. Surcos profun-
dos le marcan la cara.

-¿ Qyi diablos hace usted con mis zapatos? -pregunto estúpi-
damente.

El hombre no sabe qué hacer ni qué decir. Masculla con acento

chamego:

-Pues ya lo ve uzté ...

En realidad, yo tampoco sé cómo afrontar la situación.
-Es indignante, oiga. Es la hostia.

-Sí, que lo es ...

-Es absurdo, es idiota.

Parado al pie de la cama, mientras se forma un charquito de
agua alrededor de mis pies, observo al desconocido que sigue fro-
tando mis zapatos y le digo:

- y ahora qué.

-M'aburría Y me he disho: vamos a entretenerrws un ratillo lus-

trando zapatos ...
-Ya lo veo.

-E que zoi limpia, ¿zabusté? Pa zennle.

-Ya.

-Bueno, me voy.

-No, no se vaya. Por mí puede quedarse.

-No se haga uzté mala sangre -me aconseja en tono de con-

dolencia-o Porque uzié es el maría de la zeñora Norma, supon-
go ...

[ ... ]

-Lo mío es sacarle lustre al calzado, ¿zabusté? Pero será mejor
que me vaya, con su permizo.

De pronto me aterra quedarme a solas con Norma. Sé que la
voy a perder.

-Espere un poco -le digo-. Está lloviendo mucho ...

Ya se está poniendo los calzoncillos, algo aturullado. Veo fugaz-
mente su sexo oscilando entre las piernas. Es oscuro, notable.
Apresuradamente se pone los pantalones y luego busca los calceti-
nes en el suelo. En su cara un poco bestial no se ha borrado el susto,
parece abrumado con su papel de amante ocasional de la señora
de la casa pillado in jraganti por el marido.
[ ... ] no parece tan
joven ni tan irresistible. Un tipo de unos cuarenta años, moreno,
de nariz ganchuda, pelo rizado y largas patillas. Un charnego
rematado que no se atreve a mirarme a los ojos.

Y yo sigo sin saber qué hacer:

-Hosti, tu -susurro pensativo en catalán, mirando al suelo-.
1 ara qué?

-No se haga uzté mala zangre -insiste el hombre-o Mecachis en
la mar. ..

JUAN MARSÉ, El amante bilingüe

Comentario:

El protagonista y narrador muestra su personalidad:

. Hablando de sí mismo:

Para guardar memoria de esa desdicha, para hurgar en una herida que aún no se ha cerrado, voy a transcribir en este cuaderno lo ocurrido aquella tarde.

Diez años después del día en que pilló in fraganti a su mujer y ésta lo abandonó, el protagonista escribe que lo sucedido es una herida que aún no se ha cerrado, lo cual nos muestra un carácter no muy diestro en superar o condenar al olvido ciertos reveses. El propio prurito de guardar memoria de algo que vivió como una desdicha y de hurgar en ello nos habla asimismo de un hombre obsesivo y proclive a mortificarse.

En realidad, yo tampoco sé cómo afrontar la situación.

El protagonista se revela irresoluto y hasta algo pusilánime, más allá de cómo actúa en esta escena.

Parado al pie de la cama, mientras se forma un charquito de agua alrededor de mis pies, observo al desconocido.

La estampa que el propio protagonista nos ofrece de sí mismo se nos antoja entre irrisoria y patética, la viva imagen del desconcierto y la impotencia, y constituye un claro indicio de su temperamento, manso y carente de resolución.

De pronto me aterra quedarme a solas con Norma. Sé que la voy a perder.

Muy al contrario de lo que prescribe el tópico del macho en cornudado , al protagonista le pueden más la dependencia para con su mujer y el amor que siente por ella que las obligaciones para con su amor propio. Con apenas dos frases, Marsé nos dibuja un personaje decididamente vulnerable y profundamente humano .

. Describiendo al personaje secundario:

Lo único que lleva puesto es un sobado chaleco de limpiabotas. Tiene las Piernas peludas y poderosas. Surcos profundos le marcan la cara. [ ... ] Masculla con acento charnego. [ ... ] ~o fugazmente su sexo oscilando entre las piernas. Es oscuro, notable.

La descripción que el narrador hace de su interlocutor nos dice tanto o más del propio narrador que del limpiabotas. Los elementos en que repara y la manera de adjetivarlos nos revelan que se debate entre los prejuicios de clase (sobado chaleco de limpiabotas, acento chamego), terreno en el que se siente seguro, y la mezcla de admiración y envidia que le despierta la acusada virilidad de su rival (piernas peludas y poderosas, sexo oscuro y notable) .

. Interpretando las actitudes del personaje secundario:

Ya se está poniendo los calzoncillos, algo aturullado. Apresu-
radamente se pone los pantalones y luego busca los calcetines en el
suelo. En su cara un poco bestial no se ha borrado el susto, parece
abrumado con su papel de amante ocasional de la señora de la
casa pillado in jraganti por el marido.
[ ... ] Un charnego remata-
do que no se atreve a mirarme a los ojos.

Existe un vivo contraste entre las afirmaciones que hace el narrador acerca del estado de ánimo del limpiabotas y lo que los lectores deducimos del texto. En ningún caso lo vemos asustado ni incapaz de levantar la vista. A quien sí vemos, en cambio, abrumado y patéticamente gallito es al propio narrador.

Marsé también se apoya en los diálogos para caracterizar:

. Al protagonista:

-¿ Qué diablos hace usted con mis zapatos? -pregunto estúpidamente.

Lo estúpido de la pregunta no sólo nos da idea del desconcierto que embarga al personaje sino también de su carácter, como ya
hemos dicho, manso y carente de resolución.

Las frases Es indignante, oiga, Es la hostia, Es absurdo, es idiota e Y ahora qué no hacen más que reforzar la caracterización del personaje principal como alguien titubeante y que quiere ser quien no es.

Los ruegos que dirige al limpiabotas (No, no se vaya. Por mí puede quedarse. Espere un poco -le di~. Está llotnendo mucho .. .) delatan su profunda falta de amor propio.

y, finalmente, las expresiones catalanas que pronuncia (-Hosti, tu -susurro pensativo en catalán, mirando al suelo1 Para que"!) remiten al lector a cierto estereotipo de hombre sin sangre en las venas .

. Al personaje secundario:

Mediante frases como No se haga uué mala sangre y Mecachis en la mar. .. Marsé nos presenta a un personaje que se desenvuelve con cierta seguridad pero sin arrogancia ante la incómoda situación en que se encuentra. Consciente de que pertenece a un estrato social inferior al del marido, se muestra, sin embargo, conmiserativo con él y hasta parece lamentar lo ocurrido.