El habito lector
Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.
Jorge Luis Borges
La primera condición para ser un buen escritor es ser un buen lector, lo cual no significa necesariamente devorar o haber devorado muchos libros, sino leer prestando atención en el caso de una novela, por ejemplo, tanto a los sucesos que se relatan como a la forma en que se transmiten, descifrando las estrategias narrativas del autor, así como su estilo.
Resulta difícil comprender que alguien que pretende convertirse en escritor no sienta pasión por la lectura -algo más frecuente de lo deseable-, pues la escritura y la lectura están estrechamente unidas; de hecho, suele llegarse a la primera tras haberse ejercitado largo y tendido en la segunda. Que un escritor novel no sienta la necesidad vital de leer es como si un aprendiz de arquitecto mostrara un desinterés absoluto por las grandes obras arquitectónicas de la historia o como si un pintor vocacional hiciera caso omiso de cualquier cuadro anterior o contemporáneo a los suyos.
La práctica de la lectura forma parte de las tareas del escritor durante toda su vida. Leyendo, penetra en universos literarios que estimulan su imaginación y le son muy útiles para:
• aprender técnicas y estrategias que consoliden y amplíen sus propios recursos literarios
• reflexionar sobre la propia escritura a partir de la de los maestros
• detectar rasgos estilísticos de otros autores y hallar o pulir el propio
• darse cuenta de cuándo está concibiendo una idea nueva -abordando de manera original cualquier tema- o de cuándo, por el contrario, está trabajando en una idea o un tratamiento anticuados.
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La lectura de autores contemporáneos sitúa al lector en la actualidad literaria, mientras que la de los clásicos aporta referentes literarios y culturales necesarios para cualquier escritor. |