ELEGÍACOS LATINOS
Los cuatro principales autores de esta manera (que floreció en la época de Augusto) fueron Cornelio Galo, Tibulo, Propercio y Ovidio. Este último no hay duda de que pertenece al grupo, pero también que lo sobrepasa. De Cornelio Galo, que debió ser un poeta y una persona notable -Virgilio lo consuela en su égloga X por la traición de su amante Licoris-, nada conservamos, aunque sabemos que, al menos, dedicó a esa amante cuatro libros de elegías.
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De Albio Tibulo (54-19 a.Cv) conocemos que era de familia notable y que como muchos de los elegíacos perteneció al círculo de Valerio Mesala Corvino, a quien acompañó en la guerra contra los aquitanos y más tarde en un viaje a Oriente; pero la delicada salud de Tibulo le hizo regresar desde Corfú a Roma. De ahí que escribiera en una elegía (1,3): «Ibitis Aegeas sine me, Mesalla, per undas ... (Irás sin mí, Mesala, a través de las ondas egeas). La muerte prematura de Tibulo -sólo conocemos, o podemos hacernos una idea de sus amores o amoríos- provocó una de las más conmovedoras elegías de Ovidio (en Amores, III, 9). |
A Tibulo nos es dado imaginarIo como un joven refinado y de vida forzosamente cuidada, entre amores femeninos y masculinos, como Catulo. Delia y Némesis son los dos nombres femeninos de sus poemas. Delia (según Apuleyo) se llamaba en verdad Plania, y Némesis era el apodo de una célebre y herrnosa cortesana. Algunos identifican a esta Némesis -mujer muy bella- con la Glicera de Horacio. Como sea, en sus deseos de paz, bucólica tranquilidad y amor, parece que Delia fue el amor más verdadero de Tibulo, puesto que soñó morir sujetando sus manos ... Además tenemos que añadir al muchacho Marato, que gozó también de los deseos y desvelos del poeta. (Alguna de sus elegías al chico cuentan entre los más bellos poemas hornoeróticos de la literatura latina.) Tenido habitualmente por «suave y elegante», Quintiliano no dudó al afirmar que Tibulo era el primero, el principal de los poetas elegíacos. A su nombre nos han llegado IV libros de elegías, pero hoyes ya opinión común que sólo los dos primeros le pertenecen. Los otros dos del Corpus Tibullianum serían obra de un poeta de menor calidad que se llama a sí mismo Ligdamo (Lygdamus) del que sólo sabemos que cantó a Neera. Una tradición quiere que este casi desconocido Ligdamo fuese el hermano mayor de Ovidio ... En el Corpus aparece también una mujer: Sulpicia (quizás hija de Servio Sulpicio Rufo) y que celebra en amor a un tal Cerinto, de condición inferior a la suya.
Sexto Propercio (47-15 a.C.) también murió joven, en Roma, tras una vida que se tiene como apasionada y ardida en amores. Había nacido en Asís (en la Umbría) pero vivido desde fecha temprana en la capital. Cintia que -también según Apuleyose llamaba de verdad Hostia, fue la principal y no poco tormentosa pasión de Propercio, que habría vivido bajo la protección de Mecenas y aun del propio Augusto. De sus cuatro libros de elegías, los dos primeros están enteramente consagrados al amor por Cintia. Un amor a veces abismático y fatal. En los restantes, lo mezcla con consideraciones sobre el arte y la gloria, celebra a sus protectores en homenaje o llora a los muertos ilustres de Roma. El último libro (muy calimaqueo) es un ejercicio de glorificar las leyendas míticas de la Urbe (Tarpeya, Hércules Sanco, J úpiter Feretrio ... ) en un intento, sin duda, por solidificar, desde la literatura, el gran proyecto imperial de Augusto ... Sobra decir que, desde nuestra óptica, el gran Propercio es indudablemente el de los poemas amorosos, más difíciles que los de Tibulo, con cierta voluntad de artificio y hondura cultistas, que no excluyen en absoluto la pasión, cierto arrebato, que es el sello del mejor Propercio, evidentemente un gran poeta.
Mientras paseas, Cintia, en plena Bayas
por la senda que yace sobre las costas Hercúleas, (. .. )
¿te acosa la añoranza y pasas las noches pensando
en mí? ¿ Queda un hueco en el fondo de tu amor?
¿ O un rival, no sé quién, con ardor simulado,
te ha arrebatado, Cintia, de mis poemas? (. .. )
Tú sola eres mi casa, Cintia, solo tú mis padres;
tú, todos los momentos de mi dicha.
Si me encuentran triste los amigos, o, por contra, alegre,
en cualquier caso he de decir: «Cintia es la culpable »,
Deja pues la corrupta Bayas cuanto antes:
va a separar a muchos esa costa,
costa que fue enemiga de mujeres fieles:
¡Mueran, ay, asesinas de amores, las aguas de Bayas!
Quevedo fue un gran lector de Propercio, y Ezra Pound hizo una libre y notable adaptación inglesa de Propercio que lo convirtió en un poeta contemporáneo: «Homage to Sextus Propertius» (1934).
Existen buenas traducciones al español, bilingües, tanto de Tibulo como de
Propercio; en el primero las más antiguas, «ad usum Delphini», omiten a
Marato. El fragmento que he citado de Propercio (1,1 I) procede de Proper-
cio, Poemas/Carmina, introducción, cronología, bibliografía, notas y traduc-
ción de Pedro-Luis Cano Alonso, Bosch Casa Editorial, Barcelona, 1985,