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HIPATIA

Bajo el nombre de esta mujer que fue neoplatónica y profesora de matemáticas en la revuelta Alejandría del siglo IV de nuestra era, quiero más ampliamente significar los años de tensión y lucha entre el emergente y cada vez más poderoso cristianismo (en momentos muy dogmático e intolerante) y la suerte final del helenismo -de la tradición helenística general, incluyendo Roma- que tarde ya pasó a denominarse paganismo. En realidad, según la afortunada idea de James Hillman en su libro Pan y la pesadilla (traducción española de Cristina Serna, Atalanta, Girona, 2007), lo que se enfrenta a nivel de cultura, mitos y modos de entender la vida y aun de entenderse a sí mismo, es la psique de Grecia y la psique de Jerusalén o, en sus propios términos, «hebraísmo contra helenismo».

El cristianismo se introduce en el Imperio romano desde Palestina, como una secta heterodoxa del judaísmo, que incomoda no sólo por su desacato al emperador y por su inicial afán libertario, un tanto de revuelta social (ese matiz se atenuará con el tiempo, sobre todo al convertirse en religión de Estado), sino sobre todo por su afán de religión revelada, de ser la única verdadera y posible y, por lo tanto, de tener que acabar con todas las demás. Sabemos que los cristianos actuaban contra los dioses helenos no sólo predicando su verdad (que era «la verdad», de donde la célebre extrañeza de Pilatos), sino frecuentemente rompiendo o mutilando estatuas, para ellos simples y perversos «ídolos».

Constantino (luego apodado «el Grande») dio libertad de culto a los cristianos, que ya eran numerosos, con el Edicto de Milán el año 312. Sabemos que él sólo se convirtió muy cerca de su muerte, pero un camino de intolerancia quedaba abierto. Es el momento de máxima intensidad en la lucha -a veces violenta- entre Atenas y Jerusalén. Es cierto que los cristianos habían sido, a menudo, perseguidos antes (hoy diríamos que por subversivos) y acaso eso tampoco se les olvidó en su inminente intransigencia, aun contando con las luchas que las diversas tendencias cristianas (nestorianos, arrianos, etc.) mantenían entre sí. Pero será el emperador Teodosio -de origen hispano- el que con la promulgación de los Edictos de Constantinopla el año 381 decrete que el cristianismo no es sólo religión oficial -lo era desde Constantino-, sino religión obligatoria y única, declarando desde ese momento ilegales los cultos paganos. Sabemos que hubo unos cortos años de tolerancia del propio Teodosio, que se rodeó de altos funcionarios provenientes de familias aristocráticas que se habían mantenido fieles al helenismo. Pero a raíz de las revueltas de Tesalónica, en 390, el obispo Ambrosio atribuye los males a la condescendencia del emperador con los paganos, y le excomulga hasta que cumpla determinadas penitencias públicas y vuelva al redil. Teodosio cumplió como fiel cristiano, y en esos años turbulentos de crisis económica, invasiones y abandono de las ciudades (sobre todo en Occidente) puede decirse que lo que hemos conocido como Antigüedad agoniza ... Teodosio murió cinco años más tarde, dividiendo para siempre ya el Imperio entre sus dos hijos (cristianos, naturalmente) Arcadio y Honorio.

Mucho antes, en su tratado «Sobre la desáparición de los oráculos», Plutarco narra cómo unos pescadores oyeron una voz, a través de las montañas de una isla griega, que decía: «j El Gran Pan ha muerto! ». Para algunos esa célebre frase advertía del fin del paganismo, en tiempos en que el cristianismo (siglo II) comenzaba a crecer. Para el citado Hillman aquello anunciaba -y no hay tantas diferencias- «que la naturaleza se había visto privada de su voz creativa».

Claro es que el helenismo no ha muerto del todo. Habrá un intento de salvar su cultura, incluso por parte de los cristianos más ilustrados, y quedará la idea básica de un «Renacimiento», que regularmente no ha cesado en nuestra cultura. De otro lado múltiples arquetipos mentales (como demostraron Freud y el propio Hillman más recientemente) nunca se perdieron. «La imagen primitiva de Cristo -escribe Hillman- combinaba al guerrero Mitra con el musculoso Hércules». Pan yace en nuestro subconsciente, si como afirmaban los antiguos mitógrafos habitaba en una caverna profunda. (Pan -Fauno para los romanos- cederá muchos de sus caracteres físicos al Diablo cristiano
en el Medievo.) El cristianismo fue -en sus primeros tiempos especialmente- una religión sincrética, como demostró en buena medida Fraser en La rama dorada. Hizo de Mitra al Cristo Buen Pastor, convirtió los cultos agrícolas de Diana en la aún llamada Virgen de Agosto, fundió cuando pudo cultos a Afrodita con cultos a María, etc. Pero era un sincretismo condicionado, porque lo asimilado debía quedar aparente y plenamente asumido cuando no borrado por el poderoso e intransigente asimilador. ..

Pagano (en latín «paganus») procede de «pagus», aldea, la división comunitaria mínima en el campo italiano. Ya en el siglo I la palabra tenía un matiz despectivo como de «civil timorato» frente al soldado que combatía. Es ése el matiz que usan los primeros escritores cristianos al oponer «pagano» (timorato, civil) frente a «cristiano», es decir, soldado de Cristo. Después pasó ya a significar «idólatra» o «gentil», al tiempo que «rústico» o «paleto». Los paganos cultos asumieron el dicterio como señal de su permanencia helénica, y por ello «pagano» (salvo para el integrismo cristiano) no puede tener hoy matiz peyorativo. O el mismo que -al revés- tendría para los no creyentes «cristiano», según Nietzsche adepto a una «religión de esclavos».

De Hipatia (en algún lugar puede hallarse «Hipacia» o «Hypatia», pero es raro) sabemos, como adelanté, que vivió en Alejandría en el siglo IV -cuando los cristianos quemaron y saquearon el gran Serapeion- que pertenecía al círculo neoplatónico de Olimpiodoro, que era hija de Teón, un notable matemático, y que ella misma, además de filósofa, era matemática y astrónoma. El obispo Cirilo de Alejandría (sucesor de su tío Teófilo), como no toleraba paganos ni herejes, azuzó a la multitud contra ellos y sabemos que Hipatia murió, el año 415, en medio de un tumulto antipagano, originado por unos monjes que son quienes probablemente le dieron muerte siguiendo órdenes superiores. Hipatia pertenece al grupo -silenciado por la Iglesia- de los llamados «mártires paganos», mientras que el fanático obispo Cirilo hoyes santo. En su ignorancia se dice que Cirilo tenía a Hipatia por una bruja. La Edad Media estaba al lado ...

Páladas, alejandrino y contemporáneo de Hipatia, profesor amargado de literatura griega -y amargado también por su ruda mujer-, nos ha dejado en sus epigramas (unos ISO) la tristeza, la pobreza y la angustia de un pagano no poco agnóstico, pero amante del helenismo, en aquellos tiempos de avance e intransigencia cristiana ... Dice así uno de ellos: «¿ Acaso sin morir vivimos sólo en apariencia, compañeros helenos, en la desgracia hundidos, imaginando un sueño que es nuestra vida? ¿O vivimos nosotros aún, cuando ha muerto la vida?» (A.P., X, 82).

Aunque también existen novelas y otras obras de ficción sobre esta mártir del paganismo, convertida en mito contra la intolerancia, es ecuánime ellibro de María Dzielska, Hipatia de Alejandría, Siruela, Madrid, 2004. Noticias sobre ella hay en los Himnos y tratados de Silesio de Cirene, traducción y notas de F. A. García Romero, Gredos, Madrid, I993. La traducción de Páladas es de Carlos García Gual, y proviene de su artículo «Páladas, el último alejandrino», publicado en el Boletín de Estudios Helénicos, Universidad de Barcelona, VII-l, I973. Mientras escribo estas líneas, en abril de 2008, el director español Alejandro Amenábar rueda en Malta una película que se llamará Agora y que pretende reflejar, entre otros temas de aquella época, la vida y muerte de Hipatia.