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OVIDIO

En mi primera adolescencia que se creía mórbida (y acaso lo era, pese a sus restricciones, algo he dicho ya), Ovidio fue para mí la imagen ideal del poeta, libertino, elegante y buen hacedor de versos, pues mi tendencia era tomar por bueno todo lo que aquellos pacatos curas decían que era «malo». Como la ovidiana mala vida ...

Publio Ovidio Nasón nació en Sulmona (un valle de los Apeninos al este de Roma) el año 43 a.e. y parece que murió desterrado en la lejana Tomis, a orillas del Mar Negro -en la actual Rumania- el I7 d.C. Como en uno de los poemas de sus Tristia -escritas en el exilio- narra elementos de su biografía, nos es relativamente conocida. Se educó en Roma, por deseo de su padre, y más tarde viajó -eran viajes turístico-formativos, como los de los ingleses en el «grand tour» siglos después- a Sicilia y Atenas ... De nuevo en Roma entró en contacto con los círculos literarios de Mesala, conocido protector de los poetas elegíacos y que, al igual que Mecenas, estaba cerca del emperador Augusto. Sabemos que Ovidio trató e incluso tuvo amistad con Horacio y con Propercio (a Virgilio parece que sólo lo vio una vez y de lejos), pero su gran amigo fue otro elegíaco, quizás el más dulce, Tibulo. Ovidio contó inicialmente entre los poetas elegíacos de la época, pero su obra -más varia y más amplia- rebasó pronto esa única denominación, por igual aplicable a su primer libro, Amores, publicado probablemente por vez primera el 20 a.C.

Casi toda la obra de Ovidio (menos Metamorphoseos, que está en hexámetros) fue escrita en dísticos elegíacos, pero no es sólo la forma, sino un concepto muy helenístico de la poesía lo que le convertiría en «elegíaco», y ese tono está fundamentalmente en sus Amores, donde celebra su pasión por una mujer a la que llama Corina. Pero todos sus muchos y varios libros (aunque sin duda, alguno de los que se le han atribuido no es suyo, como la «Consolatio ad Liviam») tratan de asuntos eróticos y amorosos, a excepción de los escritos en el destierro del Ponto Euxino, donde se queja de la soledad, de la aspereza del clima y de la rudeza de los habitantes de Tomis -aunque había sido una colonia griega-, los híspidos getas, con los que al final-el destierro duró casi diez años- logró de alguna manera reconciliarse, acaso porque los bárbaros que a veces amenazaban la ciudad le parecieran peor...

Las obras más populares de Ovidio son las que dan cuenta de la disipada vida erótica de Roma, a la que el poeta se suma gustoso, indicando, por ejemplo, cómo y dónde ligar. Así en uno de sus libros más conocidos, el Ars amandi o mejor Ars amatoria, que se publicó probablemente el año 1 a.e. Ése fue el primer libro de Ovidio que leí, con catorce años, deleitándome en fragmentos como éste, porque invitaban al sexo y al vino: «También se ofrecen ocasiones en las mesas de los festines; además del vino pueden buscarse allí otras cosas. Muchas veces el rosado Amor sujetó con sus tiernos brazos los cuernos exasperados de Baca emborrachado. ( ... ) Allí, con frecuencia, las doncellas cautivaron el corazón de los jóvenes, y Venus, después de beber, fue como fuego añadido al fuego». A ese ciclo pertenecen también los Remedios contra el amor o el incompleto Medicamina facieifeminae (Afeites para el rostro femenino). Una de sus obras que más influjo tuvo son las Heroidas, cartas poemáticas que héroes y heroínas de la Antigüedad dirigen a sus amantes. Así Dido escribe a Eneas, Paris escribe a Helena, y Safo a Faón, entre otras ... Pero fue en las Metamorfosis -otro poema de inmensa repercusión en la literatura y el arte de Occidente- donde Ovidio alcanzó quizá su esplendor en una épica que se avecina al lirismo, ya que en XV libros en hexámetros dactílicos canta las transformaciones míticas, desde el caos primitivo hasta la transformación de César en astro. Se supone que trabajaba en los Fastos -inacabado poema mitológico sobre las festividades del calendario romano-- cuando le llegó la orden imperial de destierro, que nunca fue revocada (pese a sus peticiones de clemencia) ni por Augusto primero, quien la había formulado, ni por Tiberio más tarde ... Del motivo de ese severo destierro sólo sabemos que tuvo dos causas, «carmen» y «error», es decir, un poema y un disparate o una inconveniencia. Para muchos, el poema (si no se trataba de alguno especial, perdido) pudo ser el Ars amatoria, o mejor dicho su multiplicado éxito entre los romanos, ya que evidentemente el tono festivo y gratamente licencioso del texto iba en contra de las leyes sobre moralidad pública decretadas por Augusto y que tuvieron tan escaso éxito privado que al poco de editadas el emperador descubrió (2 a.c.) que su esposa Julia era una conocida adúltera. El «error» podría aludir -acaso más gravemente- a que el propio Ovidio propiciara o participara en uno de los muchos enredos amatorios de otra Julia, esta vez la nieta del César, que superó a su madre. Como fuese, Ovidio fue desterrado a Tomis (cerca de la moderna Constanza) el año 8 de nuestra era. Allí -a veces deshecho en lágrimas y lamentos- Ovidio escribiría, entre otras obras de más dudosa autoría, las ya mencionadas Tristia (Tristes) y las Epistulae ex Ponto o Pánticas. Elegías o lamentos en el más moderno sentido del término, y que no hallaron respuesta. Siempre ha sido tentador imaginar a un poeta culto, refinado, lascivo y habituado a una vida palaciega, terminando sus días en una pequeña y tosca ciudad en los entonces confines del Imperio. En I960 el escritor rumano exilado Vintila Horia (que terminó sus días en España adscrito a la más radical extrema derecha) ganó el premio Goncourt por una novela escrita en francés sobre el exilio de Ovidio, Dieu est né en exil. [ournal d'Ovide a Tomes (Dios ha nacido en el exilio. Diario de Ovidio en Tomis). La novela me gustó, pero también confieso que la leí hace unos treinta años ...

Ovidio -aunque hoy me resulte menos atractivo que en mi adolescencia- siempre ha sido considerado como uno de los poetas latinos de mayor y más fluida perfección formal y, según ya he adelantado, uno de los que más influjo y remedos ha tenido en las literaturas europeas. Pensemos que entre los autores que deben a Ovidio (y la lista es mínima) están Dante, Boccaccio, Sannazaro, Chaucer, Alfonso el Sabio, Garcilaso, Góngora, Lope de Vega, André Chenier, Wordsworth o el austríaco Grillparzer, que escribió (llevándolos a su presente) unos Lamentos desde el Ponto hacia I8S0 ...

La facilidad y elegancia ovidianas han quedado selladas en un famoso verso en que el poeta recuerda un episodio juvenil: «Quod tentabat scribere versus erat» (Lo que intentaba escribir me salía en verso). Marlowe cita en su Fausto un hermoso verso de Ovidio, con el que me place terminar este recuerdo: «o lente, lente, currite noctis equi» (Corred lenta, lentamente, caballos de la noche).

El fragmento que he citado, y que leí de adolescente, procede de Ovidio, Arte de amar, introducción, traducción y notas de Víctor-] osé Herrero Llorente, Aguilar, Madrid, 1963. Aún guardo con amor el libro viejo.