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SÓCRATES

Es uno de los pocos filósofos antiguos de los que no podemos leer nada, porque sabemos que nada escribió. Su enseñanza era oral y anticonvencional, y él personalmente debió poseer un enorme carisma pese a su físico poco agraciado: nariz ancha y aplastada, ojos saltones y barriga. Alcibíades (en el Banquete de Platón) contrasta su valor exterior, similar a un Sileno, con su gran belleza interior, y antes se ha fijado ya en su mirada magnética.

Sabemos que Sócrates era ateniense (469-399 a.Ci), hijo de un cantero llamado Sofronisco y de una partera llamada Fenarete. Él mismo, oficialmente, era también cantero. Se casó -no muy joven- con una mujer llamada Jantipa (parece que de no muy buen carácter) y tuvo varios hijos ... Luchó como hoplita en la batalla de Potidea, y parece que su comportamiento militar fue siempre valeroso y notable por su resistencia física. En la vida pública, sin embargo (fue uno de los prítanes el año 406), actuó siempre según su propio criterio, lo que comenzó a hacerle impopular. Su forma de vida -una suerte de sofista por libre- preguntando a los jóvenes, sembrando la inquietud en sus mentes y haciéndose acompañar por algunos, siguió subrayando su impopularidad. Bajo el gobierno de los Treinta Tiranos se negó a colaborar en la detención de un inocente, a quien éstos habían condenado a muerte ... Volvió a preferir sus propias convicciones a seguir la opinión del pueblo o de los oligarcas, y al fin ese ir sembrando enemigos le condujo a su propia condena. Anito, Mileto y Licón le acusaron de no creer en los dioses de Atenas, de introducir nuevos y falsos dioses y de corromper con sus enseñanzas a la juventud. Se pidió para él la pena de muerte. Cierto que Sócrates tenía amigos o seguidores entre los Treinta, sobre todo Alcibíades y Critias. Pero el primero era sospechoso de sacrilegio y el segundo ateo. Para saber cómo se defendió Sócrates tenemos la Apología de Platón y también la de Jenofonte, de valor desigual. Lo c.ierto es que a Sócrates se le impuso la pena de muerte y él no quiso huir (lo que no era raro, antes del veredicto) o pedir que se la conrnutaran por el destierro. Al contrario, como creía no haber hecho nada malo, pidió que se le diera de comer de por vida a expensas públicas (lo cual era un honor) o que sus amigos pagaran una multa por él. La pena se pospuso -Jenofonte habla de un mes- pero terminó llevándose a efecto y Sócrates, al amanecer, bebió la copa envenenada con cicuta, que era la forma legal de ejecutar en Atenas. Su impávida actitud en los días de prisión (y en especial su última noche) han dado pie a dos excelentes diálogos platónicos: Critón y Fedón.

Según Aristófanes (con quien, al parecer, personalmente se llevaba bien, pese a su caricaturización en Las nubes), Sócrates era un sofista más, acaso más singular o hábil. Pero no podemos olvidar que marcó tanto a sus contemporáneos que toda la filosofía anterior a él se ha llamado «presocrática». Quizá no podamos fiamos plenamente de los más sencillos escritos de Jenofonte ni de los más elevados de Platón, aunque esté claro que ambos lo trataron y lo quisieron. Pero Platón sobre todo debió partir de Sócrates para desarrollar su propia filosofía, cosa que nunca hizo el maestro. Sócrates incitaba a examinar los hechos y a buscar la verdad y la felicidad. Ridiculizaba lo antiguo

(otro motivo de impopularidad y de atracción para los jóvenes) y se comparaba con un tábano que pica, para sacar al picado de su autocomplacencia. Alcibíades lo comparaba a la mordedura de la raya, que produce un estado de aturdimiento y parálisis. Es célebre el pasaje del Teeteto de Platón en el que el propio Sócrates se compara con una comadrona. Él -dice- no puede dar a luz a la sabiduría pero puede ayudar a que los demás lo hagan por sí mismos. De ahí su método, lleno de preguntas e ironía, y su famosa frase «Sólo sé que no sé nada», como principio de cualquier conocimiento ... Hay también un lado menos racional en Sócrates, su «daimon» o «señal divina», que pudo ser una de las causas de la acusación por impiedad.

Los que le seguían no tenían que pagarle nada; le agradaban los jóvenes hermosos y creía en la virtud y en enseñar a pensar. .. Debió tratarse de un tipo verdaderamente fascinante y no siempre claro, ya que no tenía un cuerpo preciso de doctrina. Platón, Jenofonte o incluso Aristófanes pueden aproximarnos a él, pero no debemos fiarnos plenamente de ninguno. La prueba está en que, tras su muerte, se declararon seguidores suyos pensadores tan distintos como Platón, Antístenes el Cínico, Euclides de Mégara y Arístipo de Cirene, el gran precursor de Epicuro. Su significación es inmensa, pero de alguna manera (y dentro de lo posible) cada uno hemos de fabricarnos nuestro Sócrates. Seguro que a él no le hubiera disgustado la propuesta. El Sócrates de Platón -el más extendido- quizá no sea plenamente Sócrates.

Leí hace mucho tiempo, creo que en mi primer año universitario, la en su día célebre Vida de Sócrates de Antonio Tovar, gran lingüista y helenista, no contrario, en principio, al régimen de Franco. El libro me gustó entonces mucho, pero no lo he vuelto a releer, así es que lo recomiendo con cautela, aunque con la seguridad de que es un trabajo notable. Su primera edición es de 1947. Yo lo leí en la tercera (Revista de Occidente, 1966) con muy pocos cambios al decir de su autor. Sigue valiendo su inicio: «El problema histórico de Sócrates es particularmente difícil, puesto que lo que hacemos es exigir a las fuentes lo que ellas no pretenden ser. Interpretamos como problema histórico lo que para los antiguos no llegó a serio, sencillamente porque cuando se escribió toda la literatura socrática no se había inventado la historia de la filosofía, ni siquiera la biografía». O como dijo Bochard (citado por Tovar): «La fisonomía de Sócrates nunca dejará de tener para todos los investigadores el atractivo de un enigma sin descifrar». Y parece así todavía.